RELIGIÓN EN EGIPTO.

Antiguo Egipto, cristianismo copto post conquista romana y periodo religioso islámico después de la conquista de Umaribn al Jattab, serían las tres fases religiosas que ha atravesado la tierra de los faraones en el valle del Nilo al norte de África, cual de las tres más invasivas. Egipto ha sido uno de los pueblos más religiosos de toda la historia y dicho credo conforma su ideología hasta hoy día.

Estamos claros que este un tema muy vasto y difícil de explicar y entender en todos sus conceptos, porque la religión en el Antiguo Egipto y al igual que muchas religiones en la antigüedad tiene su base en conceptos politeístas (veneración a deidades celestiales y antepasados), aunque en este caso posee además cierta tendencia al monoteísmo (creencia de la existencia de una sola deidad o ente supremo), ya que cada región tenía un dios principal al que rendía culto y luego se hacía lo mismo a otras deidades de manera secundaria. Intentaremos entonces organizar el contenido a modo resumen con los detalles más importantes para no provocar una lectura eterna y sin intención de aburrir.

Partamos del principio de que el faraón, quien se creía poseía un poder divino, actuaba como intermediario entre sus fieles y los dioses, y su comisión por tal responsabilidad era conservar la virtud de su posición. Por ello, los ciudadanos le expresaban todo tipo de reverencias para mantener “contentos” a sus dioses y que estos mantuvieran un estado de orden y paz permanente. Ahora bien, teniendo en cuenta esto último, veamos primero cuales fueron las características principales de estas tres fases.

FASE I. ANTIGUO EGIPTO.

En el período tardío de Egipto también conocido como “Baja Época”, que tuvo lugar desde la dinastía XXII en el 664 A.C., la religiosidad egipcia sufre cambios profundos, la superstición y la magia adquieren una importancia antes desconocida y su auge supone necesariamente una degradación de la religión propiamente dicha. Así mismo, aparecen cultos animalísticos de época primitiva y alcanzan tal importancia que hacen retroceder a grandes dioses. Los primeros registros inteligibles datan del siglo III A.C., incluso antes, en la época de la prehistoria, cuando las costumbres funerarias de los habitantes del Nilo creían en la inmortalidad del alma y tomaban las medidas necesarias a su alcance para conservar el cadáver, proporcionándole comida, muebles y vestimenta.

Los templos antiguos guardan tres manifestaciones religiosas de orden diferente, siendo de apariencia humana, de animal y/o antropomorfo y de objeto inanimado, un fenómeno escencialmente egipcio, que no se refleja en religiones extranjeras. Las divinidades encarnadas en objetos eran asexuadas y eternas. Por otra parte, los dioses encarnados en seres vivientes y perecederos sí se diferenciaban sexualmente.

Diosa Bastet, expresada zoomórficamente como una gata.

Los nómadas que recorrían el África Nororiental concibieron estas divinidades invisibles e intangibles, encarnadas en accidentes del terreno, objetos, armas o insignias diversas, y sintieron la necesidad de rendirle culto a los dioses animados, un fenómeno que se conoce como “Fetichismo religioso”. Las bestias feroces se relacionaban con dioses poderosos y violentos, los animales dométicos con las fuerzas celestes y astrales.

El inicio del politeísmo tiene su base en el concepto de la unión de los seres vivos para el mantenimiento de su especie y establecer familias divinas, cosmogonías y mitologías complicadas. El fenómeno que da nombre a este culto animal se conoce como “Zoolatria“, el cual podía adoptar tres aspectos, siendo la encarnación en un individuo y al morir este, se le sustituía por otro animal de la misma especie. El segundo aspecto rezaba que el espíritu divino moraba en todos los individuos de una especie, por tanto estaba prohibido matarlos o comerlos, y cuando morían recibian supultura honorable. Los gatos venerados en todo el país y la existencia de numerosos cementerios de perros, cocodrilos, halcones, ibis e incluso peces del Nilo, demostraban el popular culto a los animales en Egipto. Por último, el tercer aspecto se refiere a la adoración de las plantas como el sicomoro (árbol de la familia de las moráceas y del género de las higueras), el papiro de Hathor (planta acuática de tallo hueco y liso), el brezo de Osiris (arbusto perenne de pequeño tamaño), entre otros, muy popular en una época donde cada deidad poseía su propio árbol sagrado.

A la acción de sustitución del cuerpo animal por el humano se le conoce como “Antropomorfismo”, una transformación que tuvo lugar durante el siglo IV A.C. Los dioses dotados de un cuerpo humano vivían en mundo extra-terrestre y constituían un representante en el nuestro.

FASE II. CRISTIANISMO COPTO POST CONQUISTA ROMANA.

Muro en el Templo de Isis de Philae

Cuando el cristianismo entró en Egipto se ganó el favor de las masas, pues ofrecía soluciones más claras a las personas acosadas por todos los problemas cotidianos con una soteriología (salvación en el sentido de la religión cristiana) más acorde con los nuevos tiempos. A fines del siglo IV se cerraron todos los templos paganos excepto el de Isis de Philae.

El cristianismo egipcio se separó del resto de la cristiandad en el año 451, al no estar de acuerdo con las definiciones adoptadas en el Concilio de Calcedonia, una asamblea celebrada por la iglesia católica e iglesias ortodoxas para proclamar la verdad en materia de doctrina y práctica. Este concilio condenaba el monofisismo, una doctrina teológica que sostiene que en Jesús solo está presente la naturaleza divina, pero no la humana, un término defendido por Eutiquio, un monje griego nacido en Constantinopla, según estimaciones.

Concilio de Calcedonia

La gran expansión de los cultos egipcios tuvo lugar cuando el país fue conquistado por Alejandro Magno y se integró posteriormente en la Koiné helenística o griego helenístico (variedad de la lengua griega utilizada en el periodo subsiguiente a las conquistas de Alejandro) y en el imperio romano. Los cultos egipcios ejercieron una notable influencia sobre griegos y romanos y llegaron a los más recónditos lugares, incluso se cristianizaron en nombre del santoral cristiano, como Serapis e Isidoro, deidades sincréticas griego-egipcias a la que Ptolomeo I declaró patrones de Alejandría y dioses oficiales de Egipto y Grecia, con el propósito de vincular culturalmente a los dos pueblos, permitiendo así el floreciemiento de una actitud fluctuante sobre su permisibilidad.

El cristianismo copto realizó misiones hacia el sur, por lo que extensas áreas de Nubia y Sudán fueron mayoritariamente cristianas durante varios siglos, al igual que Etiopía y Eritrea, que continúan siendo mayoritariamente cristianas hasta la actualidad. En el siglo III A.C. el culto de los dioses egipcios se extendió por todo el Egeo, regido por un sacerdote egipcio, y de ahí pasó a Atenas, Grecia, Delos y Macedonia. Posteriormente pasaron desde Delos hacia Italia y en la segunda mitad del siglo II A.C. los ítalicos participan en los cultos isíacos de Delos, hasta el siglo IV D.C., cuando fueron finalmente desplazados por el cristianismo tras la prohibición del paganismo por el Edicto de Tesalónica, también conocido como A todos los pueblos, mediante el cual el cristianismo niceno se convirtió en la religión oficial del Imperio romano.

FASE III. PERIODO RELIGIOSO ISLÁMICO.

Después de años de grandeza, muchos historiadores dan por terminada la civilización egipcia con la llegada romana en el año 31 A.C., aunque finalmente terminaría sumiéndose en una decadencia sin precedentes bajo el reinado musulmán, donde desapareció todo rastro de un imperio que había construido las pirámides más espectaculares conocidas por el ser humano.

En el año 639, Umaribn al Jattab, suegro de Mahoma, conquista Egipto liberándolo del Imperio Bizantino que tenía su capital en Constantinopla y comienza a expandir el islam, dando fin a casi mil años de gloria griega y romana. En un principio, respetaban y convivían con el cristianismo y el judaísmo de manera tolerante, permitiendo a judíos y cristianos mantener sus prácticas religiosas y eximirlos de servir en el ejército, pero posteriormente obligó a los no musulmanes a pagar tributo en impuestos especiales para forzarlos a convertirse a dicha fe.

Los principales cambios fueron la sustitución de los gobernadores cristianos por otros musulmanes, el nombramiento de árabes para los principales puestos civiles y militares y el desvió de las importantes exportaciones de grano del Imperio bizantino al territorio musulmán. La sede del gobierno se trasladó también desde Alejandría hasta Al-Fustat (el viejo El Cairo), muy cerca de Menfis, la capital cuya antigüedad se remontaba a 3.500 años atrás y que se hundió finalmente en la ruina total.

En el 706, el idioma árabe se convirtió en la lengua oficial del país. El cristianismo adoptado por la influencia romana se abandonó cuando el pueblo vio que la conversión al islam abría el camino a las ventajas que proporcionaban las preferencias gubernamentales. Asimismo, los árabes no hicieron ningún esfuerzo por mantener en pie el sistema de canales, el cual terminó decayendo, debido a que los árabes son hijos de una sociedad del desierto poco habituada a la agricultura.

Bajo el gobierno del Califato fatimí, chiitas provenientes del Magreb (al noroeste del continente africano) entraron en Egipto en 972 y Al-Qáhira (El Cario) llegó a ser considerada en el 969 como una de las ciudades más importantes del mundo. Durante su reinado, Egipto conoce una extraordinaria prosperidad, como lo demuestra una renovación de las artes y de la arquitectura.

Hacia el año 1010, El Cairo había superado a Bagdad en importancia, y el califato fatimí se extendía desde Siria y la península arábiga hasta el Magreb oriental. Egipto controlaba la puerta hacia el comercio en Asia y los puertos orientales del Mediterráneo, no solo Alejandría. Desde aquí, mantuvo el comercio con la zona occidental en Barcelona y Valencia hasta el siglo XVI.

A partir del año 1060 el territorio fatimí fue reduciéndose hasta que apenas lo componía Egipto. Con la enfermedad y muerte del último califa fatimí, en 1171, Saladino sumó Egipto al califato abasí y volvió a la rama sunní del Islam, dando fin la dinastía fatimí. Saladino reformó la administración del país, aboliendo impuestos y reorganizando el ejército que hasta el momento estaba compuesto por mercenarios del Magreb que fueron sustituidos por tropas kurdas y turcomanas. Con la instalación de los mamelucos en El Cairo, comienza otra etapa en la historia de Egipto, donde dejó de perseguirse a las iglesias coptas y a las comunidades judías.

DIVINIDADES EGIPCIAS

Las principales divinidades del Antiguo Egipto estaban rodeadas de múltiples creencias y rituales que fueron emergiendo con el desarrollo de la veneración de dichas deidades, agrupando dioses locales en torno a un dios principal y para acercar así la religión al pueblo, el cual estaba convencido del control y los poderes sobrenaturales que tenían estas divinidades, capaces de alterar el destino de las personas. Estos seres omnipotentes eran considerados eminentemente locales, pues se encontraban dioses en cada aldea y un dios provincial, el cual reinaba en el nomo o pueblo. Esta doctrina comprende varias creencias religiosas y rituales practicados en el Antiguo Egipto durante más de tres milenios: desde el período predinástico hasta la adopción del cristianismo tras la romanización.

“Dioses, mitos y rituales en el Antiguo Egipto”. Autora Susana Alegre García.

En el Canon Real de Turín, también conocido como “Papiro Real de Turín”Lista de Reyes de Turín, se mencionan los nombres de los faraones que reinaron en Egipto, precedidos por los dioses que gobernaron antes de la época faraónica como Ptah, Ra, Shu, Geb, Osiris, Seth, Thot, Maat y Horus; cada cual durante inmensos períodos, después reinaron los Shemsu Hor (seguidores de Horus) durante 13.420 años, antes de surgir la primera dinastía de faraones. Así, los predecesores de Menes (rey del Antiguo Egipto considerado por algunos el unificador y fundador de la dinastía I) ocuparon el trono egipcio durante 36.620 años.

En el libro “Dioses, mitos y rituales en el Antiguo Egipto”, de la autora Susana Alegre, se describe una síntesis bastante clara sobre los aspectos fundamentales de la religión en el antiguo Egipto y se profundiza en las creencias que impulsaron la momificación, la construcción de las pirámides y la liturgia en los templos.

Con el paso del tiempo y por supuesto como resultado de distintas vicisitudes políticas, poco a poco se fueron conformando sincretismos que ocasionaron la existencia de dioses estatales, como la principal tríada divina compuesta por Osiris, Isis y Horus, adorada desde tiempos lejanos en la región de Heliópolis, capital del Antiguo Egipto. Agrupar a los dioses en tríadas compuesta por una pareja con un hijo era una característica del panteón egipcio. Son tres dioses originarios del Delta que representan al dios de la vegetación y de la inundación, y que fueron elevados al rango de divinidades nacionales durante el siglo IV.

Enéada de Heliópolis

La Enéada de Heliópolis incluía la tríada Osiris- Isis- Horus que mencionamos anteriormente y a los dioses Atum, Shu y Tefnut, Nut, Geb, Seth y Neftis. Atum es el creador del universo y uno de los dioses más importantes de esta mitología, también conocido como Ra, el dios del sol. Shu representaba al dios del aire, su nombre significaba el vacío, pues era el espacio que separaba al cielo de la tierra, así como también simbolizaba la luz; considerado un dios tranquilo y bueno como el aire fresco que llegaba a Egipto. Tefnut es una de las deidades principales entre los dioses egipcios, la diosa de la humedad, la lluvia y el rocío, hermana y esposa de Shu, el dios del aire, e hija de Atum. Nut era la diosa del cielo, autora de la creación del universo, hija de Shu y Tefnut, dioses del aire y de la humedad, hermana y esposa de Geb, quien encarnaba al dios de la tierra y con quien tuvo cinco hijos. Esta diosa era considerada una de las deidades más antiguas de las tumbas Egipto. Geb era el dios de la tierra, no sólo reinaba en la superficie de la misma, sino también en el interior, por lo que se decía que dominaba el inframundo, lo cual le daba un papel muy importante en el libro de los muertos. Seth era considerado como una deidad malvada, el dios del desierto, las sequías y las guerras. Neftis era la deidad que representaba la oscuridad, la noche y la parte invisible de la existencia terrenal. Se le conocía también como la señora de la casa de Horus, y simbolizaba a la reina del inframundo y la muerte. Sus padres fueron Nut y Geb y sus hermanos Isis, Osiris y Seth.

Triada de Menfis Ptah, Sejmet y Nefertum

Por su parte, la triáda sagrada de la ciudad de Elefantina estaba constituida por Jnum, Satis y Anuket. Jnum, representado con una cabeza de carnero, era considerado como el dios de las fuentes del Nilo. Satis era la diosa que regía sobre las aguas del Nilo, las diferentes cataratas y la hermana de Anuket, diosa del agua, conocida como la gobernante de Nubia. Las crecidas del río Nilo que otorgaban la fertilidad de sus tierras eran consideradas como uno de sus abrazos.

En la metrópoli de Menfis gobernaban Ptah, Sejmet y Nefertum. Ptah era uno de los creadores del universo, considerado el arquitecto por excelencia, maestro de la construcción. Sejmet era la diosa de la guerra, hija de Ra, con una vertiente peligrosa y dañina, pero al mismo tiempo tenía otra sanadora. Nefertum era conocido también como Atum, hijo de Sejmet y Ptah, formando los tres la trinidad de Menfis.

Amón

Tebas, la ciudad más venerada del antiguo Egipto y donde se alzan los templos de Karnak y Lúxor era dominada por la Tríada Tebana de Amón, Mut y Jonsu. Amón era la divinidad más versátil y conocida, el rey de los dioses, la personificación de lo oculto y del poder creador, que no podía ser visto por nadie, mortales o dioses y se le vincula con los navegantes como su protector. Era considerada la madre, el origen de todo lo existente. Siempre se la situaba entre el sol y la luna, como un tercer ojo que mostraba la perfección cósmica. Mut era una de las estatuillas delante la cual se pronunciaban unas palabras cuando alguien fallecía, para que no se descompusiera. Jonsu era el dios lunar, se asociaba con los médicamentos y como el protector de los enfermos.

Las Ogdóada de Hermópolis eran Nun, Nunet, Heh, Hehet, Kek, Keket, Amón y Amonet. Nun era la deidad primordial de la cual nacieron todas las deidades, la primera sustancia indeterminada, ya que poseía el elemento caótico con la potencia de la vida. Nunet era la diosa del agua, de la lluvia y los océanos, la versión femenina de su esposo Nun. Heh era el dios del espacio infinito o eternidad, la pareja de Hehet, la diosa primordial del espacio infinito, la cual poseía forma de mujer con cabeza de serpiente. Keket era una diosa egipcia que simbolizaba las tinieblas y la oscuridad, representada en forma de serpiente o de una mujer con cabeza de serpiente. Su esposo, Kek, estaba representado con cabeza de rana; conocido como el portador de luz y ambos personifican el caos en la oscuridad. Amón el rey de los dioses, la personificación de lo oculto y del poder creador que también se encontraba en la Tríada de Tebana que comentamos anteriormente. Por último, el nombre de Amonet hacía referencia a lo oculto, no obstante, su sombra simbolizaba la protección, y junto a su esposo Amón, encarnaban lo enigmático, en donde residía el caos y la oscuridad.

ISIS

Isis amamantando al pequeño Horus

Isis, es la señora de la tierra, del cielo y del agua; soberana de todos los dioses, de todos los reyes y de todos los hombres, la que reúne el Alto y el Bajo Egipto; madre del faraón, dama de la inundación y de las tierras de Nubia y amada de Osiris. Conocida por los romanos como “la de los mil nombres”, expresa la divinización de los conceptos de la maternidad y la fertilidad, por lo que frecuentemente es presentada por la mitología egipcia como una entidad benévola y amable.

En el arte egipcio se suele representar con un trono como corona y amamantando al pequeño Horus; aunque también es frecuente verla luciendo un tocado formado por cuernos y el disco solar con los atributos típicos de una diosa: un vestido envolvente, un bastón de papiro en una mano y un signo de anj (vida) en la otra. En ocasiones aparecía con otras formas animales: como cerda, representando su carácter maternal; como vaca, sobre todo cuando estaba ligada a Apis; o como escorpión. También adoptó la forma de una árbol o de una mujer que emerge de un árbol, ofreciendo a veces alimento y agua a las almas fallecidas. Esta forma aludía a la alimentación materna que ella proporcionaba

En el primer milenio antes de Cristo, Osiris e Isis se convirtieron en las deidades egipcias más adoradas, e Isis asumió características de muchas otras diosas. Algunos de sus devotos decían que abarcaba todos los poderes divinos femeninos del mundo. Isis juega un papel más activo en el mito sobre la muerte y resurrección de Osiris que se recogió por primera vez en los Textos de las Pirámides, una colección de conjuros y encantamientos grabados en los pasajes, antecámaras y cámaras sepulcrales en las pirámides del Imperio Antiguo con el propósito de ayudar al faraón en la Duat (inframundo) y asegurar su resurreción y la vida eterna.

Los primeros templos importantes conocidos en su honor fueron el de Iseion en Behbeit el-Hagar, en el norte de Egipto; y el Templo Filé (también conocido como Filas o Philae), ubicado sobre una pequeña isla en el Nilo y construido durante la época ptolemaica sobre el 300 A.C., un centro religioso para egipcios y nubios por igual, siendo el último refugio de la civilización faraónica. Este último santuario, respaldado por sus devotos nubios, tuvo un sacerdocio organizado y festivales regulares hasta por lo menos mediados del siglo V D.C., lo que le convierte en el último templo en pleno funcionamiento en Egipto. En sus muros sobrevivieron testimonios de las escrituras sagradas y jeroglíficos grabados por sacerdotes durante varios milenos.

Los reyes griegos que gobernaron Egipto como faraones durante el periodo helenístico, desarrollaron una ideología que los vinculaba tanto con los dioses egipcios como con los griegos, para fortalecer su derecho al trono ante los súbditos de ambas civilizaciones, estableciendo paralelismos entre las deidades egipcias y las suyas propias, en un proceso conocido como interpretatio graeca. Los templos de deidades egipcias fuera de Egipto, como la Basílica Roja de Pérgamo, o el Templo de Isis en Pompeya o el Iseum Campense en Roma, fueron construidos en un estilo fundamentalmente grecorromano, y un objeto de veneración en estos templos era el agua, que se consideraba un símbolo de las aguas del Nilo.

Isis y Maat alado junto con Horus y Nefertari.

El ritual más frecuente de los templos para cualquier dios era el de la ofrenda diaria, en el que los sacerdotes vestían la imagen de culto de las deidades y le ofrecían comida. Sus seguidores desarrollaron fiestas propias como la Navigium Isidis o Nave de Isis (antigua fiesta religiosa anual romana), así como ceremonias de iniciación parecidas a las de otros cultos mistéricos grecorromanos. Los templos también celebraban muchas fiestas a los largo del año, algunas a nivel nacional y otras muy locales. En la época romana, los egipcios de todo el país celebraban su cumpleaños, la Amesysia, llevando su estatua de culto local a través de los campos, probablemente en celebración de sus poderes de fertilidad. Los sacerdotes del Templo File celebraban un festival cada diez días cuando la estatua de culto de Isis visitaba la vecina isla de Bigeh, cercana a la primera catarata del Nilo.

Isis se convirtió en la diosa protectora de la reina Cleopatra VII en Alejandría, capital de Egipto durante la época grecorromana y de emblemáticos monumentos como el gigantesco y famoso Faro de Alejandría. Frecuentemente, Cleopatra VII utilizaba el epíteto “la nueva Isis”. De esta manera, pasó a considerarse la patrona de los navíos y de sus tripulantes, lo que contribuyó a que su culto se extendiera por todo el Meditarráneo. Los griegos consideraban la religión egipcia exótica y a veces extraña, pero cargada de sabiduría antigua. Como otros cultos de las regiones orientales de Mediterráneo, el culto a Isis atrajo a griegos y romanos aprovechando sus orígenes exóticos, pero la forma que tomó después de llegar a Grecia fue notablemente helenizada.

El culto de Isis llegó a Italia y a la esfera de influencia romana en algún momento del siglo II A.C. Se le erigieron santuarios y altares en la Colina Capitolina o Plaza del Capitolio y llegó a ser tan popular que el emperador Calígula (Julio César) construyó un templo en su honor en los Campos de Marte de Roma, un terreno que se extendía al norte de las Murallas Servianas edificadas por el sexto rey de Roma, Servio Tulio. Los cultos egipcios se enfrentaron a una mayor hostilidad durante la cuarta guerra civil de la República romana en el 30 A.C., cuando Roma, dirigida por Octavio, el futuro emperador Augusto, luchó contra el Egipto de Cleopatra. Tras la victoria de Octavio, se prohibieron los santuarios de Isis.

En el cristianismo, la adoración a Isis también dejó sus huellas. El historiador y arqueólogo húngaro Andreas Alföldi, sostenía en los años 1930 que el festival medieval del Carnaval (celebración antes de la cuaresma cristiana), en el que se llevaba una reproducción de un barco, se desarrolló a partir del Navigium Isidis. Tanto Hugh Bowden como Jaime Alvar, especialistas en los antiguos cultos mistéricos, sugieren que las similitudes entre el cristianismo y dichos cultos de resurrección no se originaron en el simple hecho de tomar prestadas las ideas, sino en su procedencia común, es decir, en la cultura grecorromana en la que se desarrollaron todos ellos.

Navigium Isidis

El clasicista R. E. Witt veía a Isis como la “gran precursora” de María, y señaló que ambas tenían en común varias esferas de influencia, como la agricultura y la protección de los marineros y comparó el título de María como “Madre de Dios” con el mismo epíteto de Isis, al igual que el de ambas como “Reina de los Cielos”. Stephen Benko, un historiador estudioso del cristianismo primitivo, argumenta que la devoción a María estaba profundamente influenciada por la adoración de varias diosas paganas, no solo de Isis.​ En contraste, John McGuckin, un estudioso de la Iglesia, dice que María adquirió rasgos superficiales de estas diosas en la iconografía, pero que los fundamentos de su culto eran completamente cristianos. El arqueólogo canadiense Vincent Tran Tam Tinh señala que las últimas imágenes de Isis amamantando a Horus datan del siglo IV D.C., mientras que las primeras imágenes de María amamantando a Jesús datan del siglo VII D.C.

OSIRIS

Los primeros adoradores de Osiris fueron los habitantes del Bajo Egipto, donde rápidamente reemplazó al dios local Andjti. Desde tiempos antiguos fue considerado un rey difunto y divinizado según los sacerdotes del Imperio Antiguo para quien el dios era ante todo el rey y el juez de los muertos, que vivió antes de que Heliópolis alcanzara la supremacía política. La tradición religiosa le atribuía la unificación de Egipto.

Osiris era considerado como una hipóstasis local de su padre Geb, el dios de la tierra por excelencia. También se le puede ver como el dios de la inundación anual o de la vegetación, y soberano de las necrópolis y del mundo inferior. Los textos de las Pirámides, de inscripción solar, están llenos de contradicciones cuando se refieren a Osiris, tratándole a veces con el debido respeto como el rey del mundo de los muertos, pero en otras ocasiones con la irritación que merece un intruso.

En las constelaciones se le asoció con Orión y con la luna en tiempos antiguos, en sus fases y eclipses cuando decrece y desaparece, para renacer en el periodo de luna llena, un aspecto solar artificial y con ciertos rasgos de oportunismo político. Para explicar los cambios de aspectos de la luna se decía que Seth, príncipe de las tinieblas, se transformaba en un cerdo negro y se tragaba la luna que contenía el alma de Osiris. Plutarco, historiador, biógrafo y filósofo moralista griego se referiría en sus textos sobre el destino solar de Osiris.

Según el capítulo 175 del Libro de los Muertos, Osiris Naref fue adorado en Heracleópolis, ocupando el trono de Ra (dios del sol) y homenajeado por todos los dioses, incluso su enemigo Seth. A partir del Imperio Medio, Osiris era venerado en Abidos, el centro funerario del país, donde erigían templos en su nombre y su popularidad creció gracias a la devoción de los humildes, sobre todo campesinos, quienes veían a Osiris como el buen rey que defendía a los oprimidos y que fue, él mismo, víctima de un enemigo que despreciaba la justicia.

Los campesinos relacionaban los diferentes episodios de su leyenda con los ciclos de la naturaleza, con los campos marchitos después de la cosecha, posteriormente cubiertos por el manto de la inundación y con el reverdecer de la vegetación cuando las aguas se retiraban. Cuando las plantas morían, se decía que Osiris había muerto, pero no totalmente, pues algo de vida se conservaba bajo tierra, que brotaba cada año y así se demostraba que Osiris seguía vivo. Como dios de la tierra y la vegetación, su carácter de soberano terrestre o de los muertos sería secundario, y la leyenda de su muerte sería la explicación mitológica de la incomprensible muerte anual de las plantas.

Cuatro Vasos del ajuar funerario.

La fama de Osiris alcanzó su punto culminante en tiempos de los emperadores romanos, cuando la religión egipcia estaba a punto de extinguirse. El culto de Osiris y de su familia, Isis y Harpócrates (Horus de niño), se extendió por todo el Imperio, encontrando en todas partes un fervor tan ardiente como efímero. El “osirianismo” se convirtió en una fuerza moral, en una regla de conducta que se basaba en el amor y en la justicia.

Durante el Imperio Nuevo, aparecieron otras formas de religión que respondían a las mismas aspiraciones, la llamada “religión del pobre”. Por aquellos tiempos aparece en el Libro de los Muertos cuantro nuevos miembros de la familia de Osiris, que serían los cuatros hijos de Horus: Imset, Hapy, Duamutef y Kebehsenuf, que eran en el ajuar funerario, los cuatro vasos que contenían las vísceras del difunto.

Un papiro de la dinastía XIX (1295 a 1186 A.C.) conserva también, aunque en muy mal estado, una versión muy diferente de la leyenda de Osiris. El cuento de “La Verdad y La Mentira” o el “Mito de Osiris” de la mitología egipcia del siglo XXIV A.C., que trata sobre el asesinato de dicha deidad por manos de Seth (dios de la fuerza bruta y lo incontenible) y las consecuencias derivadas.

EL JUICIO DIVINO. VEREDICTO DE OSIRIS.

Ilustración del Juicio Divino.

Para ingresar al Mundo de los Muertos, los hombres debían someterse a un juicio divino, también conocido como “Juicio de Osiris”, o “psicostasis” o “pesaje del alma” como también lo nombraron los traductores griegos, un pasaje reproducido en la viñeta que ilustra el capítulo 125 del Libro de los Muertos y en la escena del “Papiro de Hunefer”, donde aparecen representados todos los que intervienen en el juzgado.

Reconocido como el acontecimiento más importante y trascedental para el difunto en el conjunto de creencias de la mitología egipcia, equivalente al “Juicio de Iama” en el hinduísmo, siendo Iama el dios de la muerte, señor de los espíritus de los muertos y guardián del inframundo.

En el tribunal se muestra a Osiris sentado en un trono cubierto con un dosel presidiendo dicho veredicto, que constitía en pesar el Ib (alma), o sea el corazón del difunto, para comprobar que no pesara más que una estatuilla o pluma de Maat, la diosa de la verdad y la justicia. Anubis conducía al difunto tomado de la mano para llevarlo hacia el “salón de las dos verdades”, frente a sus jueces y junto a la balanza donde se pesaban las acciones en el Duat (inframundo). Isis y Netfis se muestran al lado de Osiris, y un poco más apartados los 42 dioses asesores egicios que le formulaban preguntas al difunto sobre su conducta pasada, dependiendo de sus respuestas el corazón disminuía o aumentaba de peso.

Thot, el dios escribano, observaba la inclinación de la balanza y registraba el resultado en un papiro. Al pie de la balanza se hallaba Ammyt, “la Devoradora”, un animal monstruoso con cabeza de cocodrilo, parte delantera del cuerpo de un león y parte trasera de hipopótamo que se encargaba de aplicar la “segunda muerte” en relación al dictamen del juicio. El monstruo dirigía la mirada hacia Osiris y hacia Thot, esperando impaciente el veredicto y dispuesto a arrojarse sobre el difunto si la sentencia era de culpabilidad. En caso contrario, si se le declaraba “justo de voz” (honesto en su discurso), su Ka (la fuerza vital) y su Ba (la fuerza anímica) podían podían reunirse con los “grandes dioses” de la necrópolis en los campos de Aaru (el Paraíso) guiado por Horus hasta su cuerpo momificado para luego ser admitido en el reino de Osiris.

En la Edad Media, la psicostasis sería conocida como el “Pozo de las Almas“, una representación del Juicio final, donde el Arcángel San Miguel pesa las almas en la balanza de la justicia. En un platillo aparecen las virtudes y en otro los vicios. El diablo suele aparecer cerca en la escena, procurando que la balanza se incline hacia su favor.

TRÍADA OSIRIS- ISIS- HORUS

Osiris (centro), Isis (izquierda) amamantando a su hijo Horus y Harpócrates (derecha), el Horus niño.

La tríada tebana de Osiris, Isis y Horus es adorada desde tiempos lejanos en la región de Heliópolis, capital del Antiguo Egipto. Agrupar a los dioses en tríadas compuesta por una pareja con un hijo era una característica del panteón egipcio. Son tres dioses originarios del Delta que representan al dios de la vegetación y de la inundación y que fueron elevados al rango de divinidades nacionales durante el siglo IV.

El relato del “Mito de Osiris” de la mitología egipcia del siglo XXIV A.C. trata sobre el asesinato de dicha deidad por manos de Seth (dios de la fuerza bruta y lo incontenible) y las consecuencias derivadas. Isis (esposa de Osiris) rescató trozos de su marido muerto para fecundarse con su pene y dar nacimiento a su hijo Horus, lo que sería una madre soltera hoy día. Este conflicto termina de manera violenta con el triunfo de Horus sobre Seth para hacerse con el trono, vengar a su padre y restaurar la Maat (la justicia y armonía cósmica).

Esta leyenda aparentemente fue inspirada en un disputa regional en el período arcaico o la prehistoria de Egipto y comprende fundamentos sobre los conflictos entre el orden y el desorden y especialmente sobre la teoría de la muerte y el más allá. Osiris se convirtió así en la deidad más importante de la vida después de la muerte en el Antiguo Egipto. La ideología en torno al faraón en vida también se vio afectada por el mito de Osiris. Los egipcios imaginaban que los acontecimientos del mito de Osiris tendrían lugar en algún momento de la oscura prehistoria egipcia, y que Osiris, Horus y sus divinos predecesores se incluían en las listas egipcias de los antiguos faraones, como el Canon Real de Turín.

Textos funerarios del Imperio Nuevo como el Libro del Amduat (descripción del viaje al Más Allá) y el Libro de las Puertas (texto sagrado que narra el viaje del espíritu de un difunto en el otro mundo) comparan al propio “Ra” (dios del sol) con un alma fallecida. En estos textos, Ra viaja por el Duat (inframundo) y se une a Osiris para renacer al amanecer.​ Por lo tanto, no solo se creía que Osiris permitía el renacimiento de los muertos, sino que renovaba el sol, la fuente de la vida y el maat, y así renovaba el propio mundo.

Pronto esta religión “osiriana” se vinculó al rey de tal manera que el soberano muerto se identificaba con Osiris; precisamente a través de este credo es como podemos seguir la democratización de los cultos.

Por su parte, Seth tomó control de la mente de Isis, limitandola a las sensaciones y deseos del cuerpo, de aquí nace el concepto de dominación y deseo sexual. El mito contribuyó a la habitual caracterización de Seth como un dios perturbador y dañino; sin embargo, ambos dioses eran tratados a menudo como parte de un todo armonioso y se veneraban juntos en cultos locales, pues dependen uno del otro para existir. En general se veía a Seth de forma ambivalente, hasta que durante el primer milenio antes de Cristo llegó a ser considerado como una deidad totalmente malévola debido más a su asociación con tierras extranjeras que al mito de Osiris.

Horus, en cambio, representa el triunfo de la luz sobre la oscuridad, el dominio de la animalidad original, el paso definitivo de la ignorancia a la sabiduría, la puerta dimensional que lleva a las jerarquías del universo. Visto como un rey primitivo y como la personificación de la realeza, fue considerado como predecesor y ejemplar para todos los gobernantes egipcios.

Tríada de Osorkon II en el Museo del Louvre, París.

De esta fábula osiríaca nació también la “Tríada de Osorkon II”, una majestuosa escultura de 9×6 centímetros apoyada en una base de oro y cristal rojo, que descansa sobre una columna de lapislázuli, elaborada por orfebres egipcios entre los años 945 a 715 A.C., que tiene grabado el nombre de Usermaatra Setepenamón Osorkon, refiriéndose a Osorkon II, faraón que reinó del 874 al 850 A.C. y que se muestra hoy día en el Museo del Louvre de París, en el Pabellón Sully, 1ª planta, Sala 29, después de ser adquirida en 1872 de manos de los anticuarios Rollin et Feuardent.

El año de su hallazgo es desconocido, aunque se estima que fue encontrada en la necrópolis de Tanis, una importante ciudad estratégica y comercial localizada al este del delta del Nilo. Se puede apreciar como la diosas Isis (derecha) se encuentra representada con cuernos de vaca y el disco solar, mientras que el dios Horus (izquierda) aparece representado con cabeza de halcón y una doble corona. El dios Osiris (en el medio) está representado con un sudario y con la corona Atef. En toda la composición destaca como las dos figuras laterales (las divinidades Horus e Isis) se encuentran representadas extendiendo las manos con un gesto protector.

RELIGIÓN EGIPCIA Y SEMEJANZAS

La relación entre el Antiguo Egipto y la Biblia tiene su evidencia partiendo de los textos sagrados. Egipto fue uno de los primeros lugares a los que se expandió el cristianismo, debido a su proximidad con Palestina. Se dice que el propio apóstol San Marcos fue quien realizó las primeras predicaciones en tierras del Nilo. Desde Abraham, el pueblo hebreo no dejó de hacer alusiones a Egipto, la Arqueología Bíblica, la Paleografía y la propia Egiptología han aportado conocimientos sobre ciertos pasajes del Antiguo Testamento relacionados con algunos personajes Bíblicos como Moisés, José, Jaicob, entre otros.

Los coptos son objeto de curiosidad para los cristianos europeos desde hace siglos. Por ejemplo, Lucie Duff Gordon, famosa diseñadora de moda británica del final del siglo XIX que vistió a la alta sociedad, la aristocracia, la realeza y actrices del cine mudo y sobreviviente del naufragio del Titanic, escribía en 1860 que le parecía evidente que eran faraones por sus rasgos físicos: nariz ligeramente aguileña, ojos grandes, mismas caras de las tumbas y pinturas bizantinas. 

Edward Lane, orientalista, traductor y lexicógrafo británico, conocido por su traducción de “Las mil y una noches” en 1840, insiste sobre este tema en “The Manners and customs of the modern egyptians” (Usos y costumbres de los egipcios modernos), publicado por la Society for the Diffusion of Useful Knowledge y asegura que están mezclados, como es obvio tras el paso de los siglos, con nubios, griegos, árabe y abisinios. El trabajo en parte se modeló como el libro de Alexander Russell, The Natural History of Aleppo (1756).

A principios del siglo XX, Gerald Massey, poeta y escritor inglés sobre espiritismo y antiguo Egipto alegaba que hay similitudes entre el dios egipcio Horus y Jesús. Massey afirma que el 25 de diciembre se eligió como fecha del nacimiento de Jesús basándose en el nacimiento de Horus, pero el Nuevo Testamento no incluye ninguna referencia a la fecha o época del año en que nació Jesús.

Tom Harpur. El Cristo Pagano: Recuperando la Luz Perdida

Más recientemente, Tom Harpur, ex sacerdote anglicano, periodista y profesor de griego y de Nuevo Testamento en la Universidad de Toronto ha expresado opiniones similares en su libro El Cristo pagano, un best-seller de no-ficción publicado en 2004 donde apoya la teoría del mito de Cristo. Harpur detalla historias y dichos en el Nuevo Testamento que afirma también aparecen en los mitos antiguos, en particular señalando las similitudes entre Jesús y el dios solar egipcio Horus. Por ejemplo, afirma que una serie de culturas paganas en las diferentes regiones y períodos de tiempo se basaron en temas simbólicos como el nacimiento virginal, el dios padre, la estrella en el este, la resurrección de los muertos, el descenso a los infiernos, la crucifixión, la resurrección y otro muchos.

Jesús nació de una virgen llamada María, al igual que Horus nació de una viuda llamada Osiris que rescató trozos de su marido muerto a manos de Seth para fecundarse con su pene, lo que sería una madre soltera hoy día. Ambos fueron llamados “El Salvador” y tenían el misterioso don de transmutar la materia y resucitar muertos. Por si fuera poco, tanto Jesucristo como Horus murieron asesinados y resucitaron al tercer día para ofrecer a sus seguidores la promesa de la vida eterna. Los cristianos, desde los tiempos de Hipólito de Roma, celebran el 25 de diciembre como el nacimiento del Redentor, curiosamente el mismo día que nació Horus, aunque en la Biblia no menciona fecha alguna.

Así mismo, en la década de 1940, Alvin Boyd Kuhn, teósofo y defensor de la teoría del mito de Cristo sugirió que no solo la cristianidad, sino también el judaísmo se basaban en conceptos egipcios.

En el zodiaco chino, el conejo simboliza la longevidad, la gracia, los buenos modales, la elegancia, el consejo sano, la bondad y la sensibilidad, equivalente al gato en el Antiguo Egipto y durante la Edad Media pero con un significado diferente. En la mitología egipcia, el gato era una encarnación del Dios Ra (dios del cielo, del Sol y del origen de la vida en la mitología egipcia) como enemigo de la Serpiente Apofis (encarnación del caos, de la insurrección armada, representante de las fuerzas maléficas que habitan el Duat y las tinieblas), pero alcanzó el sumum de su influencia cuando se lo consideró encarnación de la Diosa Bastet (diosa de la guerra en el Bajo Egipto, región del Delta del Nilo, antes de la unificación de las culturas del antiguo Egipto). El felino era considerado un animal divino y protector contra las energías negativas. Existe una gran semejanza entre los nombres de los dioses egipcios con nuestros modernos signos astrológicos, siendo:

Egipcios: la Oveja; el ToroDos Hombres de Manos Entrelazadas; el Escarabajo; el León; la Doncella; el Horizonte; el Escorpión; el Que Tiende un Arco; la Cabra; el Aguatero; los Peces.

ModernosAries, el Carnero; Tauro, el Toro; Géminis, los Gemelos; Cáncer, el Cangrejo; Leo, el León; Virgo, la Virgen; Libra, la Balanza; Escorpio, el Escorpión; Sagitario, el Arquero; Capricornio, la Cabra; Acuario, el Portador de Agua y Piscis, los Peces.

En la Edad Media, época marcada por el escepticismo, el gato era considerado un elemento de brujería, al ser las mascotas preferidas de las brujas. En sus inicios, el cristianismo – sobre todo los Padres de la Iglesia -, se dio cuenta de que la astrología contradecía la doctrina católica, pues de algún modo parecía contradecir el libre albedrío. La postura oficial de la Iglesia Católica fue la del rechazo y el condenar a sus seguidores.

EL GATO EN LA MITOLOGÍA EGIPCIA

Diosa gata Bastet. Bronce. Baja Época (716-332 A.C.)

Los egipcios siempre amaron a los animales, su visión del universo y la naturaleza era muy distinta a la judeocristiana, que desciende de la grecorromana, en la cual el hombre es el centro del universo y encargado de dominar a todas las especies. Para los egipcios, la naturaleza era un conjunto de compañeros, personas, animales y plantas, donde todos debían respetarse por igual.

El gato, al que los egipcios llamaban miu, aparece representado en la vida cotidiana del Antiguo Egipto en multitud de contextos. El primer testimonio de este felino asociado al ser humano aparece en un enterramiento predinástico en Mostagedda, un cementerio neolítico de 6 mil años de antigüedad donde se muestra al animal acompañando al difunto. Aparece también representado en algunas mastabas (cámara funeraria subterránea) del Imperio Antiguo y en un relieve del templo de culto de Pepi II, el último faraón relevante de la VI dinastía, en Lisht, cerca de la pirámide del rey Amenenhat I, de la dinastía XII, así como gato doméstico en la tumba de Baket III, de la dinastía XI.

Momias de gato. Museo del Louvre (París). Baja Época (716-332 A.C.)

En la ciudad de Bubastis, se criaban gatos como animales sagrados y cuando fallecían, se les enterraban en el cementerio de la ciudad. En 1859, arqueólogos ingleses hallaron esta necrópolis, con 300.000 momias de gatos, que decidieron pulverizar para llevarlas a Inglaterra y utilizarlas como abono para los rosales. Los felinos, como el resto de los animales domésticos, eran embalsamados con los mismos materiales y el mismo cuidado que cualqueir otro miembro de la familia.

Herodoto, pensador griego considerado el padre de la historia mencionó en su libro II, Historias, dedicado a Egipto, que le resultaban muy extrañas algunas de las costumbres egipcias, como cuando en una casa moría un gato de manera natural, todos sus inquilinos se afeitaban las cejas; pero al morir un perro, se rapaban la cabeza y todo el cuerpo, así como también la igualdad entre hombres y mujeres o el inmenso amor y respeto por los animales. Así mismo, cuando alguien ejecutaba voluntariamente a uno de estos animales era condenado a muerte, y si lo hacía involuntariamente, pagaba una multa que fijaban en cada caso los sacerdotes.

En su aspecto masculino, El Gran Gato de Heliópolis era el defensor del sol y al contrario de las diosas femeninas, estaba representado por el Félis Chaus, el gato de la jungla. La relación entre el gato y el árbol ished (árbol sagrado de la mitología egipcia) aparece en los textos de los sarcófagos del Imperio Medio en los cuales se explica que el Gran Gato es Ra, dios del Sol, y que tomó la forma de gato, siendo el aspecto defensivo de la divinidad solar. En el capítulo 17 del Libro de los Muertos se habla de la relación del gato y el árbol de la persea.

En las escenas funerarias en gato aparece junto a la pareja de titulares de las tumbas. Se ha considerado que ubicado debajo del asiento de la dama enfatiza feminidad, sensualidad y las eficaces cualidades del alma de la casa. En su aspecto de cazadores de roedores, los gatos protegían el principal medio de sustento de las familias, los cereales. En su aspecto más fiero, las leonas se convierten en el ideal de fiero guerrero, protector de su camada. Así pues, con el aspecto de leonas o de mujeres con cabeza de leonas, o de gatas salvajes, se descubren varias deidades egipcias como Pajet, Mut y Bastet. Esta última, es la más conocida de las diosas-gata y considerada propiamente la patrona y guardiana del ámbito doméstico.

RELIGIONES Y EL TERCER OJO

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Símbolo del Ojo de Horus con la cobra Uadyet y el buitre Nejbet.

El “Ojo de Buda” en el budismo, también conocido como “Tercer Ojo” en términos teosóficos, “Ojo Interno” para la doctrina Kundalini, “Ojo que Todo lo Ve” en el judaísmo y la masonería, “Ojo de la Providencia” en el cristianismo. Hamsa u “Ojo de Mirian” para los judíos, y por último el “Ojo de Horus” u “Ojo de Ra” para los egipcios; era originalmente una especie de amuleto con carga energética, al cual se le atribuía un poder místico para la solución de necesidades, únicamente usado por chamanes, hechiceros y sacerdotes.

Suele estar asociado también a menudo con visiones religiosas, la clarividencia, la percepción extrasensorial, así como la capacidad de observar los chakras (centros de energía), el aura (campor energético) humana, la precognición (capacidad de conocer hechos antes de su acontecimiento) y llegar a poseer experiencias extracorpóreas (proyectarse fuera del cuerpo). A las personas que aducen poseer la capacidad de utilizar su tercer ojo, se les denomina normalmente videntes o adivinos.

En Teosofía, (conjunto de enseñanzas y doctrinas para el conocimiento de la verdadera realidad) el concepto del tercer ojo estaría relacionado con la llamada Glándula Pineal, que tiene forma de “piña” (fruto del árbol de pino), por eso se llama Pineal, y que se encuentra físicamente justo en el centro de nuestro cerebro. Es el órgano de mayor concentración de energía en el organismo, como así también el de mayor flujo de sangre.

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Glándula Pineal

Para los egipciosla Glándula Pineal representa el “Ojo de Horus”, Udyat o el “Ojo de Ra” (dios del sol), un concepto ampliamente difundido y venerado al que se le atribuían propiedades vinculadas con la salud, la prosperidad, con el pasaje al otro mundo y la capacidad de renacer.

En ocasiones se representaba a Horus acompañado de la figura del faraón: la serpiente (cobra) Uadyet, por la Diosa del Bajo Egipto o “la señora del cielo” y por el buitre Nejbet, Diosa del Alto Egipto y protectora de los nacimientos, las fiestas y las batallas. Precisamente, la cobra Uadyet y el buitre Nejbet era lo que los faraones llevaban en la frente, justamente en la zona del tercer ojo.

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Máscara funeraria de Tutankamón con la cobra Uadyet y el buitre Nejbet.

Al proceso de estimulación de la conciencia se le denomina “despertar del tercer ojo”. Se dice que este despertar induce al desarrollo de la intuición, al aumento del autoconocimiento, a desencadenar nuestro potencial creativo, trascender lo físico y mundano, adentrarse en el mundo espiritual, para balancear la dualidad (energías opuestas) inherente a todo cuerpo humano. Este conocimiento y ecualización de los pares opuestos es la clave de todas las escuelas esotéricas.

En la ciudad de Mohenjo-Daro, hoy día Pakistán, se encontró una estatuilla denominada “Rey-Sacerdote”, que poseía un espacio circular en el centro de la frente, en el cual cabría un pequeño disco de oro (que se encontró también cerca de la estatuilla) y sugiere un posible precursor del “Tercer Ojo”. Es interesante notar que esta figura es muy similar a los tefilin rituales usados en el judaísmo a partir del Siglo II A.C.

Ojo

En el judaísmo y otras religiones de Medio Oriente, el “ojo que todo lo ve” aparece en forma de un símbolo llamado Hamsa, Khamsa o Hamesh. Se trata de un ojo en la palma de una mano, que suele colocarse en casas o llevarse como amuleto de protección contra el “mal de ojo” (enfermedades provocadas por la envidia del ojo de los enemigos).

Sus orígenes se remontan a Mesopotamia, donde la mano de Ishtar era un poderoso signo de protección divina. También se le conoce como “la mano de Fátima” en el Islam. En Grecia y Turquía, existe un símbolo similar, el Nazar, usualmente sin la mano: se trata de círculos de vidrio, concéntricos azules y blancos, que dan la apariencia de un ojo.

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Para el cristianismo, el ojo que todo lo ve es el “Ojo de la Providencia”, y apareció en el siglo XVI. El ojo se encuentra dentro de un triángulo, representando la ubicuidad de la Santísima Trinidad, así como la omnipresencia divina y su vigilancia constante sobre su creación. Representaciones del “ojo de la providencia” como la de la Iglesia de San Juan Bautista en Alsacia, Francia (1763), parecen estar relacionadas con la fundación de los Illuminati Bávaros en 1776.

De acuerdo con las enseñanzas cristianas del Padre Richard Rohr, el concepto del tercer ojo es una metáfora para el pensamiento no dualista; o una manera en la observan los místicos. En el propio concepto de Richard Rohr, los místicos emplearían el primer ojo para la información sensorial de la vista, y el segundo, como el ojo de la razón, la meditación y la reflexión, pero sin confundir la mera información verídica con la transformación de la conciencia misma. La observación mística se basa en el primero de los dos ojos, y no obstante, podría ir más allá”. Richard Rohr se refiere a este nivel de conciencia como “tener la mente de Cristo”.

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El tercer ojo también designa la entrada que conduciría a reinos interiores y a unos estados de consciencia superiores. En la espiritualidad de la Nueva Era (era astrológica de acuario), el tercer ojo simboliza frecuentemente un estado de iluminación o la evocación de imágenes mentales que tendrían un significado psicológico y espiritual.

De acuerdo a las enseñanzas neo-gnósticas de Samael Aun Weor, se hacen varias referencias simbólicas y funcionales al tercer ojo en el Apocalipsis 3:7-13, una obra que, en su conjunto; se cree que describe la energía Kundalini y su desplazamiento interno por la columna vertebral desde el primer chakra hasta pasar por todo el conjunto de los siete chakras. Esta interpretación representa al tercer ojo como la sexta de las siete iglesias de Asia que se detallan en el texto del Apocalipsis de San Juan, la Iglesia de Filadelfia.

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