TRÍADA OSIRIS- ISIS- HORUS.

Osiris (centro), Isis (izquierda) amamantando a su hijo Horus y Harpócrates (derecha), el Horus niño.

La tríada tebana de Osiris, Isis y Horus es adorada desde tiempos lejanos en la región de Heliópolis, capital del Antiguo Egipto. Agrupar a los dioses en tríadas compuesta por una pareja con un hijo era una característica del panteón egipcio. Son tres dioses originarios del Delta que representan al dios de la vegetación y de la inundación y que fueron elevados al rango de divinidades nacionales durante el siglo IV.

El relato del “Mito de Osiris” de la mitología egipcia del siglo XXIV A.C. trata sobre el asesinato de dicha deidad por manos de Seth (dios de la fuerza bruta y lo incontenible) y las consecuencias derivadas. Isis (esposa de Osiris) rescató trozos de su marido muerto para fecundarse con su pene y dar nacimiento a su hijo Horus, lo que sería una madre soltera hoy día. Este conflicto termina de manera violenta con el triunfo de Horus sobre Seth para hacerse con el trono, vengar a su padre y restaurar la Maat (la justicia y armonía cósmica).

Esta leyenda aparentemente fue inspirada en un disputa regional en el período arcaico o la prehistoria de Egipto y comprende fundamentos sobre los conflictos entre el orden y el desorden y especialmente sobre la teoría de la muerte y el más allá. Osiris se convirtió así en la deidad más importante de la vida después de la muerte en el Antiguo Egipto. La ideología en torno al faraón en vida también se vio afectada por el mito de Osiris. Los egipcios imaginaban que los acontecimientos del mito de Osiris tendrían lugar en algún momento de la oscura prehistoria egipcia, y que Osiris, Horus y sus divinos predecesores se incluían en las listas egipcias de los antiguos faraones, como el Canon Real de Turín.

Textos funerarios del Imperio Nuevo como el Libro del Amduat (descripción del viaje al Más Allá) y el Libro de las Puertas (texto sagrado que narra el viaje del espíritu de un difunto en el otro mundo) comparan al propio “Ra” (dios del sol) con un alma fallecida. En estos textos, Ra viaja por el Duat (inframundo) y se une a Osiris para renacer al amanecer.​ Por lo tanto, no solo se creía que Osiris permitía el renacimiento de los muertos, sino que renovaba el sol, la fuente de la vida y el maat, y así renovaba el propio mundo.

Pronto esta religión “osiriana” se vinculó al rey de tal manera que el soberano muerto se identificaba con Osiris; precisamente a través de este credo es como podemos seguir la democratización de los cultos.

Por su parte, Seth tomó control de la mente de Isis, limitandola a las sensaciones y deseos del cuerpo, de aquí nace el concepto de dominación y deseo sexual. El mito contribuyó a la habitual caracterización de Seth como un dios perturbador y dañino; sin embargo, ambos dioses eran tratados a menudo como parte de un todo armonioso y se veneraban juntos en cultos locales, pues dependen uno del otro para existir. En general se veía a Seth de forma ambivalente, hasta que durante el primer milenio antes de Cristo llegó a ser considerado como una deidad totalmente malévola debido más a su asociación con tierras extranjeras que al mito de Osiris.

Horus, en cambio, representa el triunfo de la luz sobre la oscuridad, el dominio de la animalidad original, el paso definitivo de la ignorancia a la sabiduría, la puerta dimensional que lleva a las jerarquías del universo. Visto como un rey primitivo y como la personificación de la realeza, fue considerado como predecesor y ejemplar para todos los gobernantes egipcios.

Tríada de Osorkon II en el Museo del Louvre, París.

De esta fábula osiríaca nació también la “Tríada de Osorkon II”, una majestuosa escultura de 9×6 centímetros apoyada en una base de oro y cristal rojo, que descansa sobre una columna de lapislázuli, elaborada por orfebres egipcios entre los años 945 a 715 A.C., que tiene grabado el nombre de Usermaatra Setepenamón Osorkon, refiriéndose a Osorkon II, faraón que reinó del 874 al 850 A.C. y que se muestra hoy día en el Museo del Louvre de París, en el Pabellón Sully, 1ª planta, Sala 29, después de ser adquirida en 1872 de manos de los anticuarios Rollin et Feuardent.

El año de su hallazgo es desconocido, aunque se estima que fue encontrada en la necrópolis de Tanis, una importante ciudad estratégica y comercial localizada al este del delta del Nilo. Se puede apreciar como la diosas Isis (derecha) se encuentra representada con cuernos de vaca y el disco solar, mientras que el dios Horus (izquierda) aparece representado con cabeza de halcón y una doble corona. El dios Osiris (en el medio) está representado con un sudario y con la corona Atef. En toda la composición destaca como las dos figuras laterales (las divinidades Horus e Isis) se encuentran representadas extendiendo las manos con un gesto protector.

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