SAQQARA. LA PIRÁMIDE ESCALONADA.

Saqqara es el nombre que lleva la necrópolis y campos de pirámides de la ciudad de Menfis, a unos 30 kilómetros hacia al sur de El Cairo y 17 kilómetros de la ciudad de Guiza. Diseñada por Imhotep, un erudito, astrónomo y médico egipcio, conocido como el primer arquitecto e ingeniero de la historia, la pirámide de Saqqara, también conocida como pirámide escalonada, fue el primer y más antiguo cenotafio monumental real para depositar los restos del faraón Djoser o Zoser de la dinastía I en el 3.000 a.c. Prototipo de las pirámides de Guiza y de otras muchas pirámides egipcias, en su época fue la construcción más elevada realizada por el ser humano y declarada Patrimonio de la Humanidad de la Unesco en 1979.

En esta misma ubicación se encuentran otras pequeñas pirámides con las tumbas de algunos nobles y gobernantes importantes como Kagemni, Ankhmahor, Idut y Ti, muy similar al Valle de los Reyes. La tumba más antigua de esta necrópolis puede ser la del faraón Narmer, que reinó durante el periodo arcaico de Egipto, considerado por muchos como el unificador y fundador de esta primera dinastía. Los edificios junto al patio de la pirámide recrean pabellones y capillas ficticios en los que el ka del faraón difunto realizaba el jubileo o fiesta Sed. Este recinto está formado por un rectángulo de unos 500 metros de largo por 280 metros de ancho.

Estatua del faraón Djoser hallada en su serdab (capilla). Actualmente en el Museo Egipcio, El Cairo.

Elaborada con bloques de piedra caliza silícea, adobe, unidos con argamasa (mezcla de cal, arena y agua) y revestida de piedra caliza blanca pulida fina de un espesor medio de 2 metros procedente de la vecina cantera de Tura. En su momento tenía 60 metros de altura, 140 metros de largo por 118 metros de ancho en la base, con su lado mayor de este a oeste y conformada por seis grandes mastabas, un estilo de tumba de base rectangular, techo plano y muros laterales inclinados de 63 metros de lado y 8 de altura. El sepulcro poseía unas 14 entradas falsas y solo una entrada que llevaba al centro de la cámara. Las paredes de todas estas dependencias estaban forradas de cerámica artesanal con acabado vidrioso de un tono azul verdoso, evocando el frescor del verde paisaje del que el rey de Egipto debía disfrutar eternamente. Los muros aparecen rematados por un arco con columnitas djedu, símbolo de estabilidad, de lo que no muere. En las jambas de entrada a las cámaras figura el serej, el nombre de Horus del rey; y, finamente esculpido en los dinteles, su nombre de entronización: Neteri Khet.

Durante el reinado de Djoser se llevó a cabo una nueva ampliación. La mastaba se alargó 8,36 metros hacia el este, con lo que quedaron tapadas las entradas de once pozos, de 33 metros de profundidad, frente a la cara oriental de la tumba. Cada pozo conducía a una galería de una treintena de metros de longitud, que discurría bajo el monumento. Las cinco primeras galerías, revestidas con tablones de madera, resultaron ser tumbas de familiares del rey, mientras que las seis restantes eran almacenes.

La momia de Djoser se hallaba en una cámara acorazada de bloques de granito rosado revestida con yeso en el centro de la pirámide, en el fondo de un pozo de 28 metros de profundidad y 7 metros de ancho con un orificio de un metro de diámetro en la parte superior de esta caja colosal, para permitir la entrada del ataúd de madera con la momia real. Después, un tapón de granito de 3,5 toneladas sellaba el mayor sarcófago construido hasta entonces en Egipto.

Los bloques de granito que sellaban la tumba tenían marcas que indicaban el peso y la orientación en la que se deberían colocar con forma de puzle y un peso de casi 3.500 kilogramos en total. Tales dimensiones estaban a la altura del propósito que perseguía su creador: permitir que su señor Djoser, una vez enterrado allí, ascendiese por los seis peldaños de la construcción para encontrarse con el dios Re, sin comparecer ante el tribunal de Osiris, el dios que juzgaba las almas de los difuntos. 

La cámara situada al este es la más interesante por su elaboración artística. Junto a unas aberturas verticales, a modo de diminutas ventanas, tres simulacros de puertas muestran en bajorrelieve al rey Djoser oficiando los ritos propios de su rango. Los reyes saítas de la XXVI dinastía (siglos VII-VI a.C.), abrieron un túnel rectilíneo y asegurado por columnas bajo los cimientos hasta llegar al pozo central en el flanco sur de la pirámide. Tras vaciar el relleno del pozo, penetraron en las galerías azules, pero su objetivo no era saquear el tesoro de la pirámide, sino copiar el arte perdido del Imperio Antiguo.

SAQQARA EN LA ACTUALIDAD

El paso del tiempo y más recientemente las revueltas producidas por la Primavera Arabe, provocaron una drástica reducción del turismo y las obras de restauración de la pirámide que comenzaron en 2006 quedaron abandonadas, algo que en su momento preocupó a Naciones Unidas por el riesgo de colapso. Dicho deterioro era el motivo principal por el cual no era posible acceder a su interior o subir por su exterior, pero en marzo de 2020 y después de 14 años de restauración, finalmente Egipto anunció su apertura al turismo. El proceso incluyó la restauración de la parte exterior del monumento, sus pasillos internos, las escaleras de los accesos sur y este, y el sarcófago de piedra del faraón.

El proyecto incluyó esfuerzos para evitar que la pirámide colapsara, además de obras de restauración interna y externa, como los caminos que conducen a la pirámide y los corredores internos que llevan a la cámara funeraria. Los expertos también restauraron el sarcófago del rey Zoser dentro de la pirámide y las paredes del hueco funerario de la tumba.

Recientemente en 2019 se daba a conocer la noticia sobre un descubrimiento nunca antes visto en la necrópolis de Saqqara. Se trata de una gran momia que contiene el cuerpo de un león, algo que confirma el carácter sagrado que tuvo este animal para la civilización egipcia. Si bien en ocasiones anteriores se habían encontrado restos de momias de otros animales como gatos, escarabajos, bueyes, ibis, babuinos y halcones, es primera vez que se registran restos de este tipo de animal momificado.

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