Aokigahara Jukai. El Bosque de los Suicidios.

El Aokigahara Jukai, en japonés 青木ヶ原 樹海, ha obtenido varios sobre nombres con el paso del tiempo y gracias a su múltiples historias y leyendas, algunos lo conocen como el “Mar de Árboles” (樹海 Jukai), el “Bosque de los Suicidios”, el “Infierno Verde”, el “Bosque de los Ahorcados”,el “Purgatorio de los Yurei” (fantasmas vengadores que han sido arrancados de la vida demasiado temprano por una muerte violenta como el suicidio o el homicidio) entre muchos otros, el hecho es que si eres amante del oscurantismo, el espiritismo, en vez de al parchís jugabas a la güija y te emocionaste cuando Bruce Willis supo que era un fantasma en “Sexto Sentido”, sin duda aquí encontrarás lo que has venido buscando, tu lugar de culto y “esparcimiento”, nunca mejor dicho.

El bosque ocupa el segundo lugar en el mundo en número de casos de suicidios, superado únicamente por el Puente Golden Gate en San Francisco, Estados Unidos. Algunos lo ponen en tercer lugar, por detrás del puente sobre el Río Yangtze de Nanjing, en China.

Antiguamente, el suicidio se asociaba a los samuráis, con el método “seppuku” o “harakiri” 腹切, que literalmente significa «corte del vientre», un ritual de suicidio japonés por desentrañamiento. El seppuku formaba parte del bushidō, el código ético de los samuráis, y se realizaba de forma voluntaria, para morir con honor en lugar de caer en manos del enemigo y ser torturado, o bien como una forma de pena capital para aquellos que habían cometido serias ofensas o deshonra.

Así mismo, seguro habrás escuchado también sobre los jóvenes pilotos “kamikazes” de la Segunda Guerra Mundial. Todos estos términos convergen en la razón cultural por la que los japoneses son más propensos a quitarse la vida que en otros países.

“Japón no tiene ninguna historia de cristianismo”, así que el suicidio en el país nunca ha sido un pecado. De hecho, algunos lo ven como una manera de asumir responsabilidades. En la cultura japonesa, el sintoísmo o shintoísmo, también conocido como “camino de dios”, es la segunda religión con mayor número de adeptos, donde se cree en la existencia de seres que pueden hallarse en la naturaleza y en otros planos superiores, a la vez que se adora a los espíritus y a los antepasados, con rasgos politeístas.  

A día de hoy y según el Ministerio de Salud, Empleo y Bienestar de Japón, el exceso de trabajo trae consigo otro fenómeno conocido como “karoshi”, una palara japonesa con la cual no querrás cruzarte, que se traduce como “muerte por exceso de trabajo”, provocado principalmente por enfermedades cerebrales y cardíacas relacionadas con largas jornadas laborales.

Los trabajadores japoneses solo suelen tomarse unos ocho días de vacaciones al año, menos de la mitad de lo que les corresponde, lo cual representa una de las principales causas de suicidio, y quien lo decide, ya sabe cuál es el destino de suicidio más popular en Japón, el Bosque Jukai, asociado históricamente con demonios de la mitología japonesa, incluso se han encontrado registros en poemas de unos 1.000 años de antigüedad, donde se asegura que el bosque está maldito.

Es por ello que el turismo ha quedado limitado únicamente a zonas vigiladas y, aunque no está prohibido adentrarse al bosque, se colocan numerosas señales de advertencia en varios idiomas para ayudar a las personas que piensan en suicidarse a que busquen ayuda de familiares antes de dejarlo todo, como es el caso de la imagen a continuación.

“Tu vida es valiosa y te ha sido otorgada por tu padres, por favor piensa en ellos, en tus hermanos e hijos”. Busca ayuda y no atravieses este lugar.

Se distribuye material informativo en taxis, hoteles y otros lugares turísticos, y han creado una red de comunicación con los habitantes locales para que observen de manera voluntaria a los visitantes y den aviso sobre cualquier comportamiento extraño.

Los rastros que dejan las personas que deciden morir en el bosque se ven incluso antes de adentrarse en sus profundidades. Desde autos abandonados en el estacionamiento, sogas colgando de los árboles, frascos de pastillas e incluso cuerpos y esqueletos vestidos. Después de varios años, las autoridades locales notaron que las formas más comunes de suicidio eran el ahorcamiento y la sobredosis.

En el Japón feudal del Siglo XIX, cuando la hambruna y las epidemias azotaban a la población, las familias más pobres abandonaban a su suerte a los niños y a los ancianos que no podían alimentar, término que en japonés se conoce como “Ubasute” 姥捨て, Obasute y a veces Oyasute 親捨て, definiciones referentes al abandono de familiares o personas ancianas, como una antigua forma de eutanasia, representada en la novela japonesa “La balada de Narayama” (1956) por Shichiro Fukazawa, y posteriormente en las películas “La balada de Narayama” (1958) del director japonés Keisuke Kinoshita, “Goryeojang” (1963) del director coreano Kim Ki-young, y “La balada de Narayama” de Shohei Imamura, que ganó la Palma de Oro en 1983.

Este concepto, “Ubasute”, se encuentra presente también en la cultura popular no sólo de Japón, como es el caso de “La Antigua Ley”, una tragicomedia del Siglo XVII escrita por Thomas Middleton, William Rowley y Philip Massinger, o en la novela distópica de Anthony Trollope de 1882.

Los personajes de la novela “Boomsday”, de Christopher Buckley de 2007, introducen el concepto “Ubasute”, como una estratagema política para evitar la quiebra de la seguridad social a medida que la población estadounidense envejece y alcanza la edad de jubilación, lo que enfureció a la derecha religiosa. Más recientemente, el término fue la base de la historia del episodio de “Star Trek: The Next Generation”, titulado “Media Vida”.

Por este motivo, surgieron historias que afirmaban que el bosque estaba encantado por los fantasmas de los que allí murieron. Su fama como lugar de suicidio quizá se deba a que en 1960, se publicó la novela “Nami no Tou”, de Seicho Matsumoto, en la que al final de la obra dos amantes se suicidan en el bosque, cual Romeo y Julieta japoneses. Además, en 1993, se publicó “El completo manual del suicidio”, de Wataru Tsurumi, una guía para suicidarse, donde se recomienda este bosque como un lugar idóneo para quitarse la vida y se destaca el ahorcamiento como una “obra de arte”. En el año 2016, se estrenó la película de terror “The Forest”, dirigida por Jason Zada, protagonizada por Natalie Dormer e inspirada también en este lugar.


Tráiler de la película
“The Forest” o “El Bosque de los Suicidios”.

Como ves, múltiples obras literarias y cinematográficas han aportado un grano de arena a la mitología de este bosque, que ocupa un área de 35 km², ubicado al noroeste de la base del Monte Fuji y a unos 130 kilómetros al oeste de Tokio.

Dentro del bosque hay varios objetos compuestos por hierro y magnéticos, que hacen que los GPS y las brújulas dejen de funcionar, algo que alimenta el sentimiento de terror en este lugar. El viento queda bloqueado por los espesos árboles y la vida silvestre es casi inexistente, lo que lo hace excepcionalmente silencioso.

Fuera de los caminos marcados, el paisaje crea, en su espíritu, una distorsión del sentido de la orientación. Así, las diferentes direcciones posibles parecen todas iguales. Si miras delante tuyo para andar derecho, corres peligro de resbalarte y caerte, ya que el suelo parece sólido, pero en realidad se encuentra a 30 o 40 cm más abajo, bajo una alfombra de raíces y hojas, las cuales crean una tela que da la impresión de un terreno perfectamente llano. La vida silvestre es prácticamente inexistente en este lugar. El bosque posee numerosas cuevas con grietas que abren ampliamente sus bocas bajo la vegetación, por tanto, es muy frecuente caer en el interior y reencontrarte allí, con horror, frente a esqueletos de algunos que murieron sin motivo de suicidio.

Otros, presos de este “infierno verde”, anduvieron durante días, cruzándose con esqueletos y cadáveres en descomposición y al final, murieron de hambre antes de servir como comida para los animales salvajes. Esta vegetación densa y este paraje tan peligroso, hacen que muchos decidan ir a este bosque a suicidarse, quedando sus almas en pena, producto de esto último, han surgido un gran número de historias que hacen mención sobre espantosas apariciones de fantasmas. Se dice, que los espíritus de dichos difuntos están condenados a vagar por el bosque para toda la eternidad. Aokigahara está considerado como el sitio más encantado de Japón. Se dice que este lugar es el purgatorio de los “Yurei”, los fantasmas vengadores que han sido arrancados de la vida demasiado temprano por una muerte violenta como el suicidio o el homicidio.

Éstos aúllan su sufrimiento a través del viento. Muchos espiritistas afirman que los árboles mismos están impregnados de una energía malévola acumulada desde hace siglos. Esta energía proviene naturalmente de todos esos desgraciados que se han suicidado y que hacen todo lo posible para atraerte, para que no salgas de este lugar maldito.

Cada año son encontrados unos 100 cuerpos sin vida en este lugarasí como una gran variedad de enseres personales, huesos, calaveras o esqueletos completos. En los últimos años el gobierno local ha dejado de dar a conocer el número casos de suicidios, para de alguna manera evitar asociar Aokigahara con este hecho.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en los últimos 15 años Japón logró reducir en un tercio la tasa de suicidios en el país, pero hubo una gran excepción: los niños y adolescentes.

Cifras reveladas por el Ministerio de Educación muestran que la cantidad de adolescentes que tomaron sus propias vidas es la más alta en tres décadas. De hecho, el suicidio es la principal causa de mortalidad entre jóvenes en ese país asiático. A nivel nacional los suicidios se redujeron, pasando de 34.500 anuales en 2003 a unos 21.000 en 2017. Según la OMS, la caída se debió a una serie de medidas preventivas que fueron introducidas.

Entre abril de 2016 y marzo de 2017 se registraron 250 muertes por suicidio de niños en edad escolar, cinco más que el año anterior. Se trata de la cifra más alta desde 1986. Muchas de las víctimas habían reportado tener problemas familiares, sentir preocupación por su futuro y o sufrir intimidación (bullying). El Ministerio de Educación resaltó que en la mayoría de los casos -140 de las muertes- se desconocían las razones, ya que los menores no habían dejado una nota. La mayoría de los que se quitaron la vida eran alumnos de escuelas de secundaria.

Un informe publicado por la Oficina del Gabinete de Japón en 2015, que analizó los datos de suicidio infantil en el país entre 1972 y 2013, reveló que existe un pico masivo de suicidios al inicio del segundo semestre escolar, que en Japón comienza el 1 de septiembre. O sea, el día en que los jóvenes regresan al colegio. De hecho, se han implementado algunas medidas para evitar que los adolescentes opten suicidarse en vez de asistir a la escuela.

Ante esta situación, que no sólo se encuentra presente en los colegios, se ha dado la opción a los trabajadores de que tengan un “lunes resplandeciente” una vez al mes. Es decir, que se tomen la mañana libre y no acudan a su lugar de trabajo. Así es como el Ministerio de Economía espera recortar la cantidad de horas extra que trabajan los japoneses y motivarlos a llevar una vida más equilibrada entre lo personal y lo laboral. Esta iniciativa se suma a la del “viernes premium“, ideada el año 2017 por el gobierno para fomentar el consumo. Consiste en incentivar a las empresas para que dejen que sus empleados acaben su jornada a las tres de la tarde el último viernes del mes, el día en que la mayoría recibe su salario. De esta forma, pueden dedicar ese tiempo —y dinero— a viajar y hacer compras.

Las autoridades japonesas están decididas a recortar las horas de trabajo, porque esto se ha convertido en una cuestión de salud pública. En 2016, una encuesta del gobierno en la que participaron 10.000 empleados reveló que más del 20% decía estar trabajando al menos 80 horas extras al mes.

El gobierno reconoció 236 muertes por “karoshi” durante el año fiscal de 2017. A esto se sumaron 208 suicidios reconocidos oficialmente como “karojisatsu”, cuando un empleado se quita la vida debido a problemas de salud mental que se originaron en el centro de trabajo.

Un caso muy sonado fue el de Matsuri Takahashi, una empleada de la firma de publicidad Dentsu que, en 2015 y con 24 años, se suicidó tras haber trabajado más de 100 horas extra en los meses anteriores a su muerte. Las autoridades japonesas descubrieron que la excesiva carga de trabajo de Takahashi la llevaron a quitarse la vida.

Foto de Matsuri Takahashi, empleada de la firma de publicidad Dentsu

En octubre de 2017, la compañía recibió una multa de US$4.500 por haber excedido el límite de las horas extra permitidas al personal. En el mismo año, el canal de televisión NHK, admitió que su reportera, Miwa Sado, que había muerto en 2013 debido a un fallo cardíaco, había sido clasificada como un caso karoshi. Sado tenía 31 años y había trabajado más de 150 horas en solo un mes.

En febrero de 2018, una compañía acordó pagar US$700.000 a la familia de Kota Watanabe, un joven de 24 años que murió en un accidente de tráfico cuando volvía a casa exhausta tras una noche de trabajo. Este caso fue considerado “una advertencia” para el sector empresarial japonés.

Miwa Sado. Reportera del canal de televisión NHK

En el año 2017, el empleado japonés promedio dedicó 1.710 horas al trabajo, una cifra mayor a la de países europeos con economías similares pero menor a la de sus pares en Estados Unidos y Corea del Sur. En este último, el trabajador promedio dedicó en 2017 más de 2.000 horas, por ello, las grandes compañías fueron obligadas a rebajar la jornada laboral de 68 a 52 horas semanales desde julio del mismo año.

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